lunes, 15 de abril de 2019

ALFOMBRA ROJA PARA UN REY.

MENSAJES DE SEMANA SANTA
DOMINGO DE RAMOS (5)
ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN.

 

© Pastor Iván Tapia 

“28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. / 29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, / 30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. / 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. / 32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. / 33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? / 34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. / 35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. / 36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino. / 37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, / 38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! / 39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. / 40 El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.”
San Lucas 19:28-40

 

E
l Maestro se dirigió con Sus discípulos a la Ciudad Santa de Jerusalén. Al llegar al monte de los Olivos, le pidió a dos de ellos que le trajeran un asno que estaba atado a la entrada de la aldea que tenían enfrente. Este monte fue visitado frecuentemente por Jesús: Desde él contemplaría la ciudad y sabiendo la suerte que ésta iba a sufrir, lloró sobre ella; sentado en él, anunció la destrucción del magnífico Templo y de la ciudad; también, después de celebrar Su última Pascua, se retiraría a orar al monte de los Olivos. Ahora, desde ese monte descendería para recibir las aclamaciones de la muchedumbre.
 

¿Cómo entró Jesús en Jerusalén? 

1. Montado en un pollino.

“28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. / 29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, / 30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. / 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. / 32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. / 33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? / 34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.” (San Lucas 19:28-34) 

Un pollino es un asno joven. El Maestro les ordena a estos dos discípulos ir a una aldea que tienen enfrente y a la entrada de ella encontrar atado ese pollino, destacando que en él “ningún hombre ha montado jamás”. Era necesario que para la entrada triunfal del Rey de reyes en la ciudad de Jerusalén, entrara montado en un asno virgen. Esto obedece a dos razones: 1) Jesús no era un general entrando en un brioso caballo en la ciudad, sino un Príncipe de Paz montado sobre un humilde burro; y 2) Se debía cumplir la profecía de Zacarías. 

“9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9)

El Señor les dio instrucciones de desatar el pequeño asno y llevárselo a Él. También les dijo que si alguna persona preguntaba por qué hacían eso, simplemente le respondieran: Porque el Señor lo necesita. El asno en oriente siempre tuvo el lugar que el caballo ha tenido en Europa; era considerado un animal mucho más noble e inteligente; muy valorado y bien tratado, lo usaban tanto hombres como mujeres y para transportar cargas; los había domésticos y salvajes. En este caso era un asno doméstico, que esperaba humildemente una tarea magna como fue ser montado por el Señor Jesucristo.  

Pongámonos por un instante en el lugar de ese animal, sin cumplir aún tarea alguna y atado inútilmente a una vara. ¿No quiere todo ser humano cumplir, aunque sea una vez en la vida, un rol trascendental para la sociedad? Este pollino tuvo su minuto o su hora en que fue desatado de su condición para ser llevado a la presencia del Señor y servirle en una gran tarea: Conducir en sus lomos al Salvador del mundo. Seguramente Dios tiene también para usted como para mí, ese minuto, esa hora, esos días o esos años, no importa cuánto tiempo, en que habrá de servirle en Su misión trascendente y eterna.  

La gran misión de Jesucristo fue y es la salvación de las almas perdidas. Él realizó esta misión muriendo en la cruz y resucitando al tercer día, pero sigue cumpliéndola por medio del Espíritu Santo cada vez que alguien testifica de Él y Su Evangelio, sea con palabras u obras, para que los perdidos lo encuentren y se vuelvan a Él. Digo “perdidos” en el sentido de almas extraviadas que necesitan encontrar el camino hacia Dios. En algún momento Jesús nos requerirá, mandará a buscarnos y nos desatará como al pollino, porque el Señor nos necesita.
 

2. Pisando mantos y palmas.

“35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. / 36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino. / 37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, / 38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!” (San Lucas 19:35-38) 

Así fue que esos dos discípulos trajeron el burrito al Maestro. Le pusieron unas mantas al lomo, para que el Señor cabalgara cómodo y con dignidad, y le ayudaron a montarlo. La gente, a medida que el Señor iba pasando ante ella, ponía mantos en el camino. Era como es hoy para las grandes estrellas del espectáculo, para los reyes y gobernantes, poner la “alfombra roja”. Es algo especial que indica que aquella persona es tan importante que no debe pisar directamente el suelo sino que algo tan elegante, blando y hermoso como una alfombra roja. Nuestro Señor indudablemente se merecía y merece aquello. Nosotros no somos dignos de pisar una alfombra roja, pero el Señor sí lo merece. No quiero decir con esto que Él sea como una de esas estrellas del cine –sería un comentario frívolo- pero sí es el más importante gobernante del universo, pues Él es el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo encarnado. Y estaba aquí, en este mundo, entrando en la ciudad más importante del planeta, Jerusalén. ¡No podía ser de otro modo Su entrada! 

Cercanos a la bajada del monte de los Olivos, toda la gente que le seguía y aclamaba feliz, comenzó a alabar a Dios en voz alta y algunos muy emocionados hasta gritaban los maravillosos hechos del Señor que habían visto durante el ministerio de Jesús: Las curaciones milagrosas, las multiplicaciones de pan, la resurrección de Lázaro y la del hijo de la viuda, en fin como Dios se había manifestado en Jesús. Para ellos era el Mesías prometido. Por eso gritaron a voz en cuello: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! 

Este primer día de Semana Santa, la Semana Mayor celebrada por la mayoría de los cristianos a través de los siglos, se recuerda este magnífico hecho que fue la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, antes de la Pascua o celebración del Seder Pesaj. Es lo que suele llamarse “Domingo de Ramos” pues, como cuenta el Evangelio, “tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” (San Juan 12:13) 

Los cristianos seguimos aclamándole de ese modo, con o sin hojas de palmas, pero con todo nuestro corazón a Él, porque es nuestro Salvador, nuestro Señor, el Dueño de nuestras vidas, el Rey que entró como un general victorioso en Jerusalén y luego de Su resurrección, ascendió en victoria sobre la muerte, el pecado y el diablo, a los cielos, donde fue entronizado para eternidad. ¡Únase usted también a esta multitud que le aclama como Señor! 

La alabanza, la aclamación, la adoración a Dios en la Persona de Jesucristo, no debe ser sólo un rito, ni tampoco algo que se realiza por tradición en Semana Santa. En verdad es una actitud, un sentir, una convicción y una práctica permanente en el cristiano. Hay muchas formas de alabar y adorar a Dios; en los Salmos usted puede encontrar esas diversas maneras de hacerlo. No importa cómo lo haga sino que lo haga y con profunda sinceridad. El Rey se lo merece y a Él le agrada, como se lo manifestó a la mujer samaritana: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.” (San Juan 4:23 

Diga con toda la cristiandad: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! Indudablemente Jesús trajo y sigue trayendo gran paz a las conciencias con Su perdón y a las almas con Su Espíritu: la paz de Jesús es inefable. Por fin cielo y tierra se pusieron en paz a causa de la redención obrada por el Salvador. Hay gloria en los cielos con el triunfo de Jesús.
 

3. Aclamado y criticado.

“39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. / 40 El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.” (San Lucas 19:39,40) 

Y como nunca faltan los criticones, algunos fariseos que consideraban una blasfemia que así se tratara a este rabí, le dijeron a Jesús que reprendiera a los que así le aclamaban. Para la mayoría de los judíos, y en especial los maestros de la Ley, escribas y sacerdotes, los de las sectas judías fariseos o saduceos, la proclamación de Jesús como el Mesías prometido en el Antiguo Testamento, era abominable, ya que ellos no veían en Jesús a ese Ungido de Jehová, del cual las profecías decían:  

“Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:14) 

De las visiones proféticas el pueblo prefería la más gloriosa, los fariseos a un gran legislador que impusiera la Ley, los zelotes a un guerrero y los esenios a un sacerdote con ideas nuevas. Este Jesús de origen humilde, de bajo perfil, pacífico, sin legalismos y amoroso, no era respetable para la mayoría, sino algo más bien curioso. 

A la observación de los fariseos, Jesús respondió con ese modo tan frecuente en Él, un tanto irónico y metafórico: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían. Es imposible callar el Evangelio, acallar a aquellos que han encontrado la Verdad, tapar la luz poderosa del Señor que se filtra inevitablemente por cada rendija de la vida de los cristianos. Literalmente, hasta el día de hoy hasta las piedras hablan; en los muros de nuestras ciudades y cuando viajamos por las carreteras, vemos piedras en las que un creyente ha escrito una frase bíblica o algún grafiti que nos desafía a buscar a Dios. 

CONCLUSIÓN.

Jesús tuvo una entrada triunfal en Jerusalén, como un Rey victorioso que venía a completar Su misión y a establecer Su Reino en los corazones de muchos hombres y mujeres. Concretamente entró: 1) Montado en un pollino o cría de asna; 2) Pisando mantos y palmas; y 3) Aclamado y criticado. Estos tres aspectos nos enseñan que: 1) Debemos, como el pollino, esperar el momento en que Él nos usará para Su obra magna; 2) Jesús se merece nuestra alabanza y adoración, como el mejor Rey debe tener Su alfombra roja; y 3) Siempre habrá críticas, mas si callamos las piedras hablarán.
 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Ha establecido Jesús Su Reino en su espíritu, alma y cuerpo?

2)      ¿Cuáles han sido las mayores victorias en su vida?

3)      ¿Qué aspectos debe completar el Señor en esta Iglesia?

4)      ¿Cómo se puede establecer el Reino de Dios en los corazones de los discípulos?

5)      ¿Qué significa que Jesús entrara a Jerusalén montado en un burrito?

6)      ¿Siente que Dios le está  usando para Su obra?

7)      ¿Por qué la Iglesia acostumbra alabar y adorar a Dios?

8)      ¿Cómo se explica la metáfora de la alfombra roja?

9)      ¿Qué sucederá si los cristianos callan el Evangelio?

10)  ¿Qué hechos de Jesús se relacionaron con el monte de los Olivos?

11)  ¿Qué propósitos tiene para esta Semana Santa?


domingo, 25 de marzo de 2018

ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN.


MENSAJES DE SEMANA SANTA
DOMINGO DE RAMOS (4)
 

 “12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, / 13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! / 14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: / 15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. / 16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.”
San Juan 12:12-16 

 

I
srael desde antaño esperaba un Salvador, Mesías o Cristo. Los profetas lo habían anunciado con mucho detalle. Sin embargo la imagen que el pueblo tenía de ese Mesías no era la del Siervo sufriente del cual se dice: “5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. / 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53:5,6).  

Lo que en verdad esperaba Israel y aún espera, es un libertador poderoso: “2 Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. / 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. / 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isaías 2:2-4 

Los sacerdotes y maestros de la Ley, los fariseos y saduceos, en su mayoría no creyeron en Jesús. Sí lo hizo el pueblo, sencillo y sufriente, necesitado de una fe real y de un mensaje de amor y reconciliación con Dios. El Evangelio del Reino predicado por Jesús trajo esperanza a los pobres, los enfermos, los olvidados de la sociedad, los oprimidos por el diablo: “18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; / 19 A predicar el año agradable del Señor.” (San Lucas 4:18,19) 

En el punto álgido de Su ministerio, el Maestro subió a la ciudad de Jerusalén con Sus discípulos. La entrada de Jesús fue la de un verdadero rey. Así se iniciaría el desenlace de Su vida y obra en esta Tierra. En este pasaje se revela Jesucristo como nuestro Salvador. La Iglesia celebra este acontecimiento en el domingo que inicia la Semana Santa, el “domingo de ramos” 

¿Cómo se presenta Jesucristo en Su entrada triunfal a Jerusalén? 

1.      El Salvador de multitudes.

“12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén” (San Juan 12:12) 

¿Qué fiesta se celebraba en Jerusalén cuando llegó Jesús y Sus discípulos? El mismo Juan lo anota: “1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.” (San Juan 12:1) 

El término “pascua” deriva del hebreo pesach, “pasar por alto” o “pasar de”, basado en el texto que dice: “12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. / 13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto.” (Éxodo 12:12,13) 

La Pascua fue instituida por Dios con el fin de conmemorar la liberación del pueblo hebreo de su esclavitud en Egipto: “4 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, las convocaciones santas, a las cuales convocaréis en sus tiempos: / 5 En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. / 6 Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura. / 7 El primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis. / 8 Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida; el séptimo día será santa convocación; ningún trabajo de siervo haréis.” (Levítico 23:4-8) 

Esta fiesta en tiempos de Jesús implicaba una peregrinación a la Ciudad Santa Jerusalén. Llegaban a ella grandes multitudes para celebrar ese gran festival espiritual. El cordero pascual era apartado el 10 de abib (abril) y examinado posteriormente hasta el día 14, antes de matarlo. Al mismo tiempo que la gente llevaba sus corderos para el sacrificio Pascual a ser examinados por los sacerdotes, Jesús, el Cordero de Dios comparecía ante los líderes religiosos y políticos para pasar su examen. Desde el 15 al 22 de abib  no se comía pan que tuviera levadura.  

Jesucristo es Salvador de multitudes. Muchos se convertirán a Jesucristo, a través de las edades, y pondrán sus vidas bajo la voluntad del Rey de Reyes.
 

2.      El Salvador digno de alabanzas.

 “13 tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” (San Juan 12:13) 

¿Qué significa “hosanna”? La palabra significa “¡Salva ahora!” o “¡Te rogamos que salves!” y fue la aclamación de la gente cuando Jesús hizo Su entrada triunfal en Jerusalén. Según la tradición judía, se recitaba: “24 Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él. / 25 Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. / 26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová; Desde la casa de Jehová os bendecimos.” (Salmos 118:24-26). Originalmente, tenía el sentido de una súplica, pero, como lo muestra el contexto de los Evangelios, vino a ser una exclamación de gozo y esperanza. 

La multitud agitaba palmas en sus manos, recibiendo al Hijo de Dios. Las palmeras simbolizaban la victoria y la paz, que eran el mensaje que Jesucristo traía a Jerusalén: Vencería al mal en la cruz y daría la paz del perdón a todo aquél que creyese en Su sacrificio. 

Jesucristo era bendecido por la multitud, como hoy le bendice la Iglesia y es bendecido en los cielos: “12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 7:12). Es bendecido y reconocido como el Mesías enviado de Dios, el Rey de Su pueblo: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” 

Jesucristo es el Salvador digno de alabanzas. La gran obra redentora de Jesús y Su magnificencia le hacen merecedor de toda adoración.
 

3.      El Salvador humilde.

“14 Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: / 15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna.” (San Juan 12:14,15) 

El tiempo del hombre no siempre es el tiempo de Dios. La madre de Jesús, en las bodas de Caná, quiso que el hiciera un signo de Su poder cuando todavía no era el momento de hacerlo, y la respuesta de Jesús fue: “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.” (San Juan 2:4). Los discípulos querían que Él se manifestase al mundo y Su reacción fue: “Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto.” (San Juan 7:6). 

Si antes de Su entrada en Jerusalén Jesús había reusado ser tratado como un rey, ahora sí había llegado el tiempo de cumplir la profecía: “24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.” (Daniel 9:24) 

550 años antes de Jesús, el profeta había escrito: “9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9). Ahora se cumplía esa profecía con exactitud: El Rey de Reyes entraba en la Ciudad Santa con la alegría del pueblo y sus gritos jubilosos, montado sobre un burrito y no sobre un brioso corcel, como lo hacían los grandes monarcas y conquistadores. Esto es porque Jesucristo es un Rey de Paz, un “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6) 

Israel anhelaba al Mesías que los liberara del poder aplastante del Imperio Romano. En especial los del partido zelote, esperaban un Salvador guerrero, político, militar, que utilizara la fuerza; pero no ese Jesús humilde, suave y manso. El Hijo de Dios demostraría a la Humanidad un poder mayor que el de la violencia y la fuerza, el poder del amor nacido en el corazón de Dios. Humildemente aceptaría la injusta condena de los hombres y la justa y amorosa voluntad de Dios; en la cruz del Calvario, con valentía y amor, se ofrendaría como la Víctima expiatoria por los pecados de los hombres. 

Jesucristo es el Salvador humilde, el Cordero manso del Señor que ha venido a salvar a los pecadores.
 

4.      El Salvador esperado.

“16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho.” (San Juan 12:16) 

Que una gran multitud de personas aclamara a Jesús al entrar a Jerusalén, que le vitorearan con ramas de palmeras y que salieran a recibirle clamando ¡hosanna!, no fue completamente comprendido por los discípulos de Jesús. No lograban en ese momento dimensionar la importancia y el significado del acontecimiento. Tampoco lo relacionaron de inmediato con las profecías. Recién lo hicieron después de que resucitara y ascendiera a los cielos. Era necesario que el Espíritu Santo se lo hiciera comprender. 

Jesucristo es el Mesías, el Salvador esperado, el Hijo de Dios, el Único que puede reconciliarnos con el Padre, el Deseado de todas las gentes: “6 Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca;  / 7 y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Hageo 2:6,7)
 

CONCLUSIÓN.

Jesucristo, en el desenlace de Su ministerio, hace una entrada triunfal en la ciudad santa de Jerusalén. Del relato de San Juan se puede deducir que Jesucristo es: 1) El Salvador de multitudes, muchos se convertirán a Él y pondrán sus vidas bajo la voluntad del Rey; 2) El Salvador digno de alabanzas, la gran obra redentora de Jesús y Su magnificencia le hacen merecedor de toda adoración; 3) El Salvador humilde, es el Cordero manso del Señor que ha venido a salvar a los pecadores; y 4) El Salvador esperado, el Único que puede reconciliarnos con el Padre, el Deseado de todas las gentes.

 

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cómo fue la entrada triunfal de Jesucristo en mi vida?

2)      ¿Qué significa para mí la Semana Santa?

3)      ¿Qué desafío espiritual tengo para esta Semana Santa?

4)      ¿Cómo podría mi iglesia alcanzar multitudes?

5)      ¿De qué manera puedo recibir en este domingo de ramos a mi Salvador?

6)      ¿Por qué se dice que Jesús es “el Deseado de todas las gentes”?

7)      ¿Cómo puedo hacer participar a mi familia en esta Semana Santa?

8)      ¿Estoy testificando que Jesucristo es el Único Salvador esperado que puede reconciliarnos con el Padre?

9)      ¿Cómo estoy viviendo la humildad?

10)  ¿En qué aspectos de mi persona, Cristo está teniendo victoria?

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

  • Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
  • MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
  • (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
  • (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
  • “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
  • “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
  • Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
  • http://tomachosj.blogspot.cl/2012/11/la-pascua-era-otra-de-las-fiestas.html
  • Mensajero Luterano (1998) “Las Siete Fiestas del Señor” Iglesia Evangélica Luterana de la República de Chile.
  • http://www.diarioelcentro.cl/opinion/la-entrada-triunfal-de-cristo-en-su-corazon

viernes, 14 de abril de 2017

LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ


MENSAJES DE SEMANA SANTA
VIERNES SANTO (3)
 

J
esucristo fue un verdadero Maestro, hasta sus últimos momentos como Hombre en esta tierra. Era notoria Su forma de enseñar con palabras sabias y señales, con autoridad y con amor. Dice el Evangelio que “...la gente se admiraba de su doctrina; / porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (San Mateo 7:28,29) Incluso en medio del dolor y la humillación de la crucifixión Él pudo enseñar a Sus seguidores, enemigos, testigos de Su martirio y a nosotros. Hay siete palabras de Jesús desde Su cruz que registraron los evangelistas. He aquí esas palabras Divinas que tanto nos enseñan. 

  1. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
“32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. / 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. / 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” (San Lucas 23:34 

Esta oración, fue ofrecida por Cristo para los culpables de su muerte y puede estar dirigida directamente a los judíos y los soldados romanos que en todo momento, se burlaron del sacrificio de Jesús. Son palabras de perdón; Jesús cubre con amor comprensivo la injusticia de Sus opositores y pide a Dios que no les tenga en cuenta este pecado de martirizar y blasfemar contra el Hijo de Dios.  

El Maestro nos da una gran lección de perdón; nos dice que amemos a nuestro prójimo, aún al que nos hace daño, que perdonemos al enemigo y oremos por él. La respuesta humana a la ofensa siempre es el odio y algún tipo de violencia, por último ser indiferentes al enemigo, mas ninguna de esas actitudes es la que el Maestro Crucificado nos enseña. Él quiere que perdonemos y roguemos por los enemigos.


2. "Hoy estarás conmigo en el paraíso"

“39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. / 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? / 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. / 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. / 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (San Lucas 23:39-43 

Uno de los delincuentes crucificados junto a Jesús le insultaba porque no se bajaba de la cruz y los liberaba. Es la actitud que algunas personas tienen frente a los creyentes cuando éstos están pasando por alguna prueba, ponen en duda el poder de Dios y la fe del cristiano porque éste no logra salir de tal situación de desmedro. El otro ladrón, temeroso de Dios y con una clara conciencia de haber pecado, conoce la justicia y reprende al blasfemo. Luego, con gran sencillez y humildad le pide al Maestro que se acuerde de él cuando venga a reinar a la tierra. Este hombre sabe que Jesucristo es el Mesías que pondrá orden en la Tierra y dará a cada uno lo que se merece. La respuesta de Jesús se ha prestado para muchas discusiones, de acuerdo a la doctrina cristiana que se profese. Jesús le asegura que ese mismo día estarán en el paraíso. Esta frase fue la réplica al ladrón arrepentido de sus actos y representa la salvación para toda persona que se arrepiente a tiempo de sus pecados por la fe puesta en Dios.  

Dos elementos debemos considerar en la respuesta de Jesús: lugar y tiempo.  

a)      Estarás conmigo en el paraíso habla del lugar, el espacio al cual ingresarán luego de su muerte; ese lugar es el Cielo, específicamente el Paraíso. Una vez el ser humano disfrutó de comunión con Dios en un paraíso terrenal o Edén; un día todos los que han nacido de nuevo en Cristo, podrán disfrutar del Paraíso eterno, donde no habrá más dolor ni injusticia. Es la recompensa para los justos y creyentes en Cristo. 

b)      Hoy habla de tiempo. Si lo analizamos desde nuestro punto de vista limitado, rígido, natural y materialista, nos resulta ilógico, ya que sabemos que Jesús bajará al lugar de los muertos y que luego de resucitar pasará 40 días con Sus discípulos, antes de ascender a los cielos. Tampoco calza con la idea de un ascenso secreto al Padre, ya que éste se daría luego de la resurrección; y si queremos interpretar que Él se está refiriendo a “entrar en el Reino” o “entrar en la fe”, tampoco es creíble, ya que Jesús ya estaba en el Reino. Entonces sólo queda pensar que ese “hoy” es la eternidad, el tiempo de Dios, el Kairos. 

Creo que cuando Jesús responde al ladrón creyente “hoy estarás conmigo en el paraíso” le está diciendo: Ya que has creído en mi, te prometo que al morir entrarás en la presencia de Dios y estarás para siempre Conmigo, en el Paraíso eterno. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de esperanza, la que surge de la fe en Él, la completa convicción de que es el Camino, la Verdad y la Vida.


3. "Mujer he ahí tu hijo... He ahí tu madre"

“25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. / 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. / 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (San Juan 19:25-27) 

Junto a la cruz, dice San Juan, que estaban algunas mujeres. En cambio en el relato de San Lucas había muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea. Ambos evangelistas tienen razón; había mujeres mirando desde lejos y también las había cercanas a la cruz. De lo contrario no se habrían dado estas palabras de Jesús. Allí permanecieron junto a Él, su madre María, la hermana de su madre, María de Cleofas y María Magdalena. Probablemente hubo un momento en que éstas cuatro se acercaron a la cruz y Jesús vio a Su madre y a Juan, el “discípulo amado”.  

Jesús va a morir y le preocupa el futuro de Su madre como también de aquel seguidor tan joven. Entonces le dice a Su madre: “Mujer, he ahí tu hijo” Lo hace así para que éste ocupe el lugar que Él dejará vacío, para que ella reciba consolación y cuidado. Se subentiende que el padre humano de Jesús, José, ya no vive, por tanto ella es una viuda que necesitará alguien joven a su lado. Nótese que no trata a María de “madre” sino de “mujer”, quitando todo sentimentalismo de Su relación con ella. 

Luego indica algo similar al discípulo: “He ahí tu madre” En adelante San Juan deberá hacerse cargo de la madre de Jesús y cuidarla como si fuera su propia mamá, en tanto ésta viva. No es necesario espiritualizar este pasaje bíblico atribuyéndole otros sentidos para la Iglesia y los cristianos. La gran misericordia de Jesús se resalta en esta preocupación Suya por Su madre y discípulo. Aún en momentos de tanto dolor, Él fue capaz de pensar en Su prójimo. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de misericordia para con sus seres más cercanos, que son la familia y discípulos. Nos enseña a tener la misma preocupación por nuestras madres, padres, hermanos, hijos, esposas, esposos, etc., hermanos en la fe y amigos.


4. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

“45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. / 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? / 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.” (San Mateo 27:45-47) 

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se oscureció la tierra, es decir hubo oscuridad durante todo el tiempo de la crucifixión de Jesucristo. La escena que describe este versículo muestra a Jesús como Hombre, preguntando al Padre por qué le ha desamparado. En hebreo dice “Elohi, Elohi, lĕma' šĕbaqtani”. Pero en verdad no es una queja sino una oración contenida en los Salmos: 1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? / 2 Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo.” (Salmos 22:1,2) 

Cristo se entregó en sacrificio por el bien de la Humanidad pero en Su naturaleza humana se siente abandonado. Desde un punto de vista teológico, Dios está castigando en Jesús Hombre todo nuestro pecado, por tanto le abandona. Si consideramos la gran fe del Señor, podemos admirar cómo Él enfrenta el dolor con oración, dirigiéndose a Su Dios. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de fe en el Padre, confiando a Él todo Su dolor por el pecado de la Humanidad.

 

5. "Tengo Sed"

“28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. / 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.” (San Juan 19:28,29 

Uno de los mayores tormentos para un crucificado era la sed, la que representa la ansiedad que vivió Jesús en la cruz. Hay una sed fisiológica y también una sed espiritual. Siempre decimos que el ser humano tiene sed de Dios, pero ¿cuál será la sed de Dios y en este caso la verdadera sed de Jesucristo? El deseo de que los hombres se vuelvan de su mal camino, se arrepientan y vuelvan a Dios. La mayor sed de Jesús es nuestra salvación, recuperar las almas de los que están perdidos; que Su sacrificio no sea vano. Allí en la cruz experimentó con mayor potencia esa sed divina. 

El texto se inicia diciendo que Jesús sabía que Su misión ya estaba consumada. El hecho de que se le diera beber vinagre o vino agrio, resalta la idea de la copa amarga que tuvo que soportar nuestro Salvador para cumplir Su misión.  

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de obediencia al Padre y a Su vocación por las almas. Nos invita esta Palabra a hacer de la sed espiritual de Cristo nuestra propia sed.


6. "Todo está consumado"

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”  (San Juan 19:30 

Se interpreta la proclamación en boca de Cristo del cumplimiento de las Sagradas Escrituras en Su persona. Cristo fue consciente de que había cumplido con su misión redentora y con la voluntad de Su Padre. La captura, juicio y crucifixión son horas de enorme sufrimiento, soledad y muerte. Dios entró en la Historia humana para salvarnos y tuvo que sufrir el castigo y el abandono de Dios por causa de los pecados de la Humanidad, como la Escritura lo había profetizado: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5) 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de cumplimiento de la misión. Del mismo modo debemos cumplir nosotros la comisión que nos ha dejado de proclamar Su Evangelio y hacer discípulos.

 

7. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"

“44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. / 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. / 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” (San Lucas 23:44-46) 

Es la última frase de Cristo en la cruz, con la que finalmente expira y muere. Luego de haber vivido como Hombre y demostrado en Su vida todo el amor de Dios; luego de haber predicado la Buena Nueva del Reino y formado discípulos para el anuncio y construcción de ese Reino; luego de haber sufrido el desprecio de Su pueblo y el abandono de Dios en la cruz; luego de representarnos en ese martirio por nuestras culpas; Él ya ha finalizado Su misión en este mundo y entrega Su espíritu al Padre de los espíritus. 

Tras aquel momento, la cortina del Templo se rasgó y un fuerte temblor sacudió al monte Calvario y sus alrededores. El significado espiritual que este hecho tiene es el de abrir un camino expedito para que cualquier ser humano con fe en Cristo y espíritu humilde de arrepentimiento, pueda acceder al Padre: “19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  / 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,  / 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,  / 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:19-22) 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
·         MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
·         (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/
·         http://www.netjoven.pe/actualidad/147750/Semana-Santa-2014-Cuales-fueron-las-7-palabras-de-Jesus-en-la-cruz.html